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jueves, 27 de octubre de 2011

Otoño

Ayer era uno de esos días en los que me puse a echar de menos. Supongo que la caída de las hojas de los árboles  que de un día para otro han inundado la Alameda y las gotas de lluvias que han ensuciado mi coche han contribuído a ello. 
Otoño. Llegó el otoño.  Y a mi vida también: supongo que todo comenzó cuando vi esas dos canas que me salen con la raya al lado sobre las seis de la mañana. Fue un hachazo. Vieja, soy vieja. Ya no salgo de juerga, me gusta quedarme los sábados por la noche viendo películas, madrugo sin querer los fines de semana. MAYOR, MUY MAYOR. Y encima con canas que lo demuestran. Lo primero que empecé a echar de menos fueron las botellonas, no sé porqué, pero de camino al coche quedaban restos de botellas de jóvenes que se lo habían estado pasando genial durante la noche, mientras yo, honorable adulta responsable, dormitaba para poder levantar el país por la mañana. (Sí porque como profesora me encargo de que algunos muchachos puedan ser doctores el día de mañana, doctores sin faltas de ortografía y con letras legibles). 
En fin, que me puse a acordarme de aquellas botellonas que hacíamos en el campo de fútbol al menos,  12 años atrás en el tiempo. ¡Qué bien nos lo pasábamos! Y que conste, que mis amigas íntimas y yo las hacíamos con cocacola. Hasta bien llegados los veintitantos, y no estoy mintiendo, no empezamos a beber con mucha moderación algún Licor 43 primero para desembocar en el Legendario con Cola, hasta esa edad. Pero no echo de menos el alcohol ni mucho menos, (mi casera ha dejado un minibar muy generoso, quien quiera pasarse ya sabe, y lo gastamos, porque aún no lo hemos ni abierto), lo que echo de menos es esa despreocupación general por todo de esas edades, las risas con las amigas, los problemas tontos que nos inundaban, en fin, todo lo que conlleva el no ser aún adulto y que se aleja del otoño, es decir, la primavera.
Transcurrido el día, según pasaban las horas de clase, vino otra idea a mi cabeza: eché de menos los bocadillos. Hacía una guardia en el recreo y vi como los nenes comían grandes y jugosos bocadillos. Recordé como durante toda mi niñez y adolescencia yo comía bocadillos: de atún, de jamón, de mortadela con aceitunas, de los chorizos que mi tía hacía en la matanza, y mis preferidos eran los de tocino fresco con tomate. ¡Yo ya nunca como bocatas! Y antes me los comía todas las tardes como merienda y en los recreos por las mañanas. Era tan delgada...daba igual lo que comiera. Y ahora...ahora... ains, ahora ya todo es diferente. Me gustaría a mí hacer la prueba a ver que pasa si me zampo todos los recreos uno y por la tarde otro... Pues eso, ya me entienden. OTOÑO.
Y transcurrió el melancólico día, y empecé a echar de menos, de golpe y porrazo a la gente que hacía muchísimo tiempo que no veía. Me empecé a acordar de mi amiga Mari Ángeles de Inglaterra y a mi amigo Jona, de mis compañeros de la facultad que hace tiempo que no veo, de mis dos compañeras de piso del primer y segundo año con las que ya prácticamente he perdido el contacto, de un amigo del que ya no sé nada... en fin, toda esa gente que un día fueron importantes en mi vida y que poco a poco el paso del tiempo fue cubriendo de hojas secas el camino de la amistad.  
Y por último, eché de menos tener tiempo, tiempo libre fuera de las obligaciones, tiempo para quedar con gente que está cerca y con la que un día por otro, la casa queda sin barrer. Como mi amiga Jara por ejemplo, que no hay manera de cuadrar y la echo de menos. El tiempo que es tan valioso y queda tan relleno de obligaciones: preparar clases, corregir exámenes, leer cosas de la tesis, ir al gimnasio... al final no puedo hacer lo que es realmente importante. Dedicarle un tiempo a mi corazón. De hecho, ahora estoy haciendo un hueco para escribir esto. Ni siquiera consigo hacerlo para algo que amo tanto como la escritura.
En fin, el otoño es evolución y hoy, me he despertado contenta, feliz, y para celebrarlo he encontrado un rato para cortarme el pelo (seis meses hacía desde la última vez) y para comer con una buena amiga.
¡Bienvenido sea el otoño! Y mi peluquero me ha dicho que la cana no se ve, que tengo un pelo precioso y no lo vamos a fastidiar por una hojita blanca.  Sed felices :)




martes, 6 de septiembre de 2011

Primer día de cole

Septiembre, septiembre, que llega septiembre. Y los niños ya tienen sus maletas nuevas, sus lápices de colores, sus compases, las reglas, los cuadernos, carpetas de sus famosos favoritos... en mi época yo tenía forrada la carpeta con BonJon Jovi por un lado y Alejandro Sanz por el otro, y por dentro...ohhhh por dentro tenía a los Back Street Boys....(alll rigthhhhh))). Ahora no, ahora tienen a la Hanna Montana, al Mario Casas y al niño ese que cantando parece una niña, bueno y en el aspecto. Como se llama, como se llama...¡Justin Bieber! Ese, ese.
Pues yo me he sentido hoy como esos chicos en su primer día de colegio. (Políticamente correcto chicos y chicas, ostias que no, que el masculino de toda la vida engloba al femenino, no es discriminar, es economía del lenguaje).
 Pues ahí estaba yo, dando un salto de la cama en cuanto sonó el despertador. Nerviosa elegí la ropa adecuada, me vestí. Me hice unas tostadas y un café con la cafetera que me tiene prohibido tocar mi brother. (Con razón, eh, con razón, pero con la nexpresso que le voy a regalar por las molestias causadas espero que se subsane).  Me lo tomé todo viendo los Desayunos de la Uno y me fui a pintarme un poco, ponerme los zapatos y me dirigí al coche.
"Hola mi Fabia bonito, me temo que este año vamos a vernos más, no me falles eh!!!"- le dije cariñosamente, pero a modo de venganza, horas después, ya fallaba el manos libres.

Mientras conducía saliendo de Sevilla ( 20 minutos de semáforos), me imaginaba cómo sería el centro, los alumnos, los compis, el pueblo...
Poco a poco, por mi barriga subían cosquillitas, semejantes a las del primer beso. Casi ná.

 Después de los kilómetros hacia Paterna, llegué por fin al centro. Después de dar mil vueltas por él buscando el ies,  están en fiestas y todo está cortado, di con él.
"Bueno nena, llegó la hora de la verdad". Llevaba mis tacones para ponérmelos, pero decidí que no, que yo soy así, bajita, y total, aún no había alumnos, mejor lo dejaría para parecer más alta ante ellos.

Salí del coche, y me encaminé a la puerta. El corazón me latía con mucha fuerza, la rodilla me flaqueaba... (la defectuosa, no le sienta bien eso de conducir) y con mucha valentía entré en instituto. Me dirigí a la conserjería, y muy amable me recibieron con una sonrisa.  "¿Eres la nueva? ¿La de lengua?".
Por mi mente pasó por un instante esta sensación... ¿pero hasta cuando voy a ser la nueva?. La nueva. La nueva. Resonaba en mi cabeza. "Quizás prefieras seguir siendo la nueva a la vieja ¿no?". Respondió mi cerebro automáticamente. Y yo muy resuelta y agradable, todo sea dicho, respondí con otra sonrisa que sí, y ya me presentaron a compañeros del departamento y fui conociendo el centro.
Muy buena impresión en general. Ojalá siga siendo así. Así que yo, ya he superado el primer día de cole. ¡¡¡Ánimo a todos!!!! y bienvenido sea Septiembre, que para algunos seguro que es su mes de vacaciones, aunque para la mayoría... el primer día de cole.

PD: Por cierto, yo mi carpeta este año la voy a forrar con Hugo Silva por un lado y bueno... acepto sugerencias para el otro.
                                     Aprovechando que estamos en primera...mi maleta.


jueves, 28 de julio de 2011

Dudar

Creer es muchas veces dudar, decía Voltaire. Yo llevo una temporadita de duda constante. Duda por absolutamente todo. Incluso de el pijama que me voy a poner cada noche.
Llega el verano y este, en particular, aunque comenzó  con un estupendo viaje a Italia del cual escribiré algún post próximamente, se ha convertido en una cuesta arriba estúpida y decepcionante.
(Antes que nada, quiero agradecer los apoyos a algunos de mis queridos lectores, que sinceramente me ha sorprendido que los hubiera jajaja. Más de una persona me ha mandado mensajes o me ha comentado que porqué tenía tan abandonado el blog, y es cierto, estaba abandonado. Concretamente anoche me animó a escribir una antigua alumna de Alosno, que me envió un privado al tuenti diciéndome que seguía mi blog y que le gustaba. Así que le doy las gracias, porque eso me ha dado fuerzas para ponerme a escribir, es lo primero que he hecho al levantarme).
Puede que este primer post, esté vacío, carente de fuerzas, pero bueno entended que tengo que calentar la máquina un poco después de unos cuantos meses sin escribir.

Como decía al comienzo del texto, este es un verano extraño. Comenzó las primeras semanas de julio, tras venir de un viaje por Italia que me dejó con la boca abierta. Después de ver toda aquella majestuosidad, aquellas catedrales, aquel arte por cada esquina, por cada rincón de cada pequeña ciudad italiana y llegar a mi pueblo, creo que sufrí un choque extraño frente a la realidad.
El primer sentimiento surgió en la piscina. No sé qué serían los veranos antes por estos parajes sin ella, ya que es uno de los escasos entretenimientos que pueden ocupar las calurosas tardes de verano. Otra opción es tragarse todas las novelas que ponen en la tele hasta las 7 de la tarde, más los programas absurdos del corazón que le siguen. El caso es que uno de estos días, estando allí, vino a mi mente una nostalgia enorme. Me puse a mirar, y vi que yo era vieja. Sí, que ya quedaron atrás todas aquellas tardes de juegos de cartas, de risas con los amigos, ahogadillas, bocadillos a media tarde... Todo lo que ocupó gran parte de mi infancia y adolescencia. Los chicos, seguían jugando a las cartas a mi alrededor, los amores de verano seguían emergiendo como fuertes olas que chocan contra el mar, las risas, las niñas leyendo revistas juveniles... todo era igual, el tiempo se había parado pero yo ya no era uno de ellos, yo estaba al margen y aquella época de felicidad absoluta alejada de la realidad hacía mucho tiempo que quedó atrás. Así que me invadió durante unos días esa pena extraña y agónica. Ahora te toca ser la madre de esos niños, bodas, responsabilidades... ¿no es esa juventud lo más hermoso de la vida?.

Poco a poco, afortunadamente, se me fue pasando, pero ahora surgió otro miedo más que se juntó a esa nostalgia. El miedo al dolor. Sí, como lo oyen, afortunadamente ya se me ha ido pasando, y ya estoy fuera de esa estupidez de aquellos días de comienzo de verano, pero fue así. Mi tia se quemó las manos con una olla exprés y se quemó literalmente. Me tocó entrar con ella en la sala de curas, y ver cómo mi tia sufría, cómo sentía dolor mientras le quitaban los pellejitos quemados, le echaban cremas, la vendaban... fue una experiencia del todo poco recomendable. Aguanté estoicamente dándole ánimos, con una sangre fría que no era propia de mí, me sorprendí a mí misma con lo floja que he sido siempre para todo eso. No obstante, después creo que me ha pasado factura y he tenido esa sensación de miedo al dolor, de  angustia que sin darme cuenta era sólo por la tensión sufrida en aquel momento. Y de ahí he pasado directamente a la duda, a la duda de todo lo que me rodea. Porque creo en lo que hago, como bien dice Voltaire, tengo la duda como constante. Supongo que los libros que estoy leyendo sobre filosofía y la argumentación para la tesis también tienen algo que ver, pero ya hablaré de eso en otra ocasión. A ese miedo al dolor, también se ha juntado porque no decirlo, la tristeza que me está produciendo estos días ver a mis abuelos enfermos  y mayores. Me angustia, me devuelve de nuevo a esa infancia y me hace estrellarme de bruces contra la realidad: ya soy vieja, los años pasan, y todo lo que parecía estar inalterable hasta hace prácticamente nada, está evolucionando. Y ese cambio, esa evolución, como no, me dan miedo y tristeza a la vez. Y no quiere decir que ahora la vida sea peor que antes, ni mucho menos, pero es distinta y el hacerse mayor, como no asusta. ¿Cómo saber si uno ha escogido el camino correcto? ¿Es esta vida la que yo deseaba con 16 años?  Dudas y más dudas, que no se pueden resolver.


                                            PISCINA DE SANTA OLALLA

Esto es en resumen, lo que ha sido lo poco que llevo de verano. Tengo que escribir un post de todo lo anterior y porqué dejé de escribir. Pero eso mañana, creo que por hoy, ha sido suficiente. Siento si no está a la altura de vuestras expectativas en mi blog. Poco a poco.




miércoles, 6 de abril de 2011

Gurumelos

Hace mucho que no escribía. Se ve que al volver a mi vida normal, vuelven las historias y las ganas de contar cosas. Lo bueno es volver a Sevilla en esta época. Son curiosas a veces las emociones contrapuestas que le pueden inundar el alma a uno. En este caso a una. A servidora.
La semana pasada, cuando tuve que venirme a la capital me daba pena abandonar la sierra, sentí nostalgia por aquello, por ese otro mundo que tanto me gusta aunque a veces no me dé cuenta. El sentimiento brotó cuando fui la semana pasada a coger gurumelos con mi padre. Él es un gran aficionado cuando llega la época, entre febrero y marzo dependiendo de las lluvias y el año,  a salir por las tardes a buscar este preciado manjar. Incluso tiene una cesta destinada para tal menester.
Coger gurumelos es todo un arte, un arte que no todos llegan a desarrollar, o como bien me dijo mi padre "es algo hereditario e innato a los genes". La frase me la dijo después de que orgulloso descubriese que su lección para encontrarlos había sido dignamente aprendida. ¡Encontré solita tres gurumelos! . No te preocupes, que es que acaba de venir alguien por aquí hace unas horas, por eso no encuentras más. Y era cierto, se encontraban los huecos en la tierra de haberlos recogido recientemente. Había que ir buscando un pequeño montoncito desquebrajado en ocasiones y simplemente elevados en otros. Fácil, lo que se dice fácil no era.

Pero me gustó ir con mi padre a buscarlos, (por supuesto comérmelos aún más: en croquetas, en salsa, con arroz, puré...) me sentí agusto, el sol dándome en la cara, el olor a jaras y romeros, el trinar de los pájaros, los arroyos llevando agua. Toda esa vida verde y azul alrededor desarrolló en mí la necesidad de escribir hace muchos años, y algo me dijo que aquello era algo que no podía perder nunca. Una tradición, una costumbre que es propia de la sierra, de la familia y de un pueblo entero.
Me di cuenta que parte de mí, una gran parte está por allí. Que esa forma de vida es algo que siempre voy a llevar dentro, esas raíces de la tierra que tanto me han aportado siempre permanecerá en mí.
Por mucho que me guste la ciudad, por mucho que me encante Sevilla, siempre encontraré un hueco para pasear por la sierra, un momento para estar con los míos y coger gurumelos será algo que un día enseñaré a mis hijos.
                                 
                                            Gurumelitos cogidos por mi papi


jueves, 24 de febrero de 2011

La operación de menisco

Si alguien se lo preguntaba. No, no me quedé en el quirófano. Hace ya más de diez días de mi operación y sólo recuerdo un vago halo de nebulosa estúpida en el que los días han pasado sin pena ni gloria y los sin sabores del posoperatorio me han sumido en la más infame inopia.
Llegamos a aquella clínica sobre las once y media, dimos los datos, tarjeta por aquí, tarjeta por allá, no he visto yo lo importante que es la tarjeta dorada en estas clínicas, sin la tarjeta ni agua. "Pasen ustedes a la sala de espera que en unos minutos les llamamos!. Nos sentamos en aquel lujoso hall observando los enormes cuadros que decoraban la sala, tres señoras de mediana edad esperaban también a nuestro alrededor. "No estés nerviosa, que esto no es nada mujer". Me decía mi madre, que aunque no lo dijese con palabras estaba hasta más nerviosa que yo. A los cinco minutos, vino un celador muy agradable, que nos llevó a la habitación, nos hizo un recorrido por la misma: cama, mandos de la cama, tele de plasma, cuarto de baño, sofá cama para los acompañantes... y sin más se marchó, dándome una bata para que me la fuera poniendo. No había hecho más que irse cuando llegó otro celador, con pinta de protagonista de las películas de Kun fu, y me hizo firmar el consentimiento de la operación. Vamos, que si me moría, no era culpa de ellos. Ahí empecé a ponerme aún más nerviosa. Fuera anillos, relojes, pendientes y todo tipo de objeto metálico. Braga y sujetador podían quedarse conmigo. Mierda, joder, que mi braguita de Hello Kitty tiene un corazón metálico, no me jodas, ostias, ¿y ahora qué?. Tú no te preocupes, me dijo mi padre, que eso lo solucionamos rápido. Y con una llave mandó el corazoncito al otro mundo.
Sin darme cuenta los nervios habían inundado todo mi cuerpo, y cuando volvió de nuevo el celador con una silla de ruedas y me dijo: ¡Vamos!. Un lagrimón brotó resbalando por mi mejilla.
Cuando llegué al quirófano y vieron que iba llorando me dijeron que qué me pasaba, que allí no pasaba nada, que tranquila. "¿Tú cuántos años tienes?" me dijo una enfermera, Dios mío que vergüenza me entró, verdad, con treinta y llorando, "Que no mujer, que no lo digo por eso...".
Me subieron a la camilla, y me pusieron la via del suero. Sólo recuerdo un par de bromas del anestesista y que me di la vuelta de lado para la epidural. Ya lo siguiente que sentí era cómo el doctor me decía, ¿estás despierta?. Mira, ya estamos casi terminando, giradle el monitor. Y después, vagos recuerdos hasta que estaba muerta de frío en la sala en la que estuve esperando casi dos horas a que se me fuese la anestesia.  La señora de al lado lloraba en lo de la anestesia, yo tenía un reloj en frente y el castañear de dientes iba pasando a medida que las agujas del reloj avanzaban.
Me subieron a la habitación, y allí estuve hasta últimas horas de la tarde. La pierna apenas la sentía, supongo que seguía drogada. Nos fuimos para casa y casi que me da algo intentando subirme a la cama, la pierna era una auténtica mole.
Lo peor vino al día siguiente, empecé a tener fiebre y a sentirme bastante mal, y al parecer lo que había ocurrido es que me entró un virus. Pasé unos tres días sin tomar nada más que acuarius y con un mal cuerpo horrible. Lo más doloroso de todo, las inyecciones de heparina que hay que ponerse en la tripa para evitar trombos. Vaya tela... Póbrecita mi madre, que ha tenido que aprender a ponérmelas, porque yo con lo que soy, si tuviese que ponérmelas sola me daría algo. Tengo unos cuantos agujeritos en la tripa y varios cardenales.
La pierna más o menos bien, ya voy doblando cada vez más la rodilla y me quitan los puntos esta tarde. A quien vaya a operarse de menisco, le digo que la operación en sí no es tanto, yo no sentí nada, es más el miedo que da el quirófano. Ya os contaré cuando comience la rehabilitación, que imagino que molestará bastante porque tantos días la pierna quieta, será normal.

En fin, que entre pitos y flautas, estos días han sido totalmente improductivos y aburridos, no he conseguido organizarme para hacer prácticamente nada. Espero que ahora que me quitan la venda y estoy más animada pueda disfrutar las últimas semanas de baja haciendo algo útil. Menos mal que Lisa me ha hecho compañía todo este tiempo. ¿Lo que más deseo? Darme una buen ducha larga y duradera sin miedo a que se meta agua en la bolsa y se moje la venda.


sábado, 12 de febrero de 2011

Amores

Supongo  que el despertarme de este modo en este día, en el que el nerviosismo recorre mis venas dos días antes de la operación,  no me ha traido buenos pensamientos. Me he despertado escuchando lo siguiente: "Mari tia, que lo siento por no quedar ayer, pero que tenía una explicación, ¡ay dios, que sé porqué me dejó el Jose Mari, porque estaba con la Miriam!, ayer los pillé infraganti". A estas palabras, le siguió un llanto horrible y una serie de detalles con pelos y señales sobre cómo había pillado a su amiga con el novio. 

La chica estaba en el patio comunitario y al abrir los ojos, pensé por un momento que me encontraba dentro de una telenovela. Pero es que esa situación, esa sensación de tristeza y dolor la hemos sentido todos alguna vez. Cuando alguien te deja, para uno es incomprensible, es doloroso, es cruel y si encima no te dan una razón convincente, es aún peor. Supongo que esta chica, que decía textualmente una y otra vez: "estoy muy mal Mari, estoy rota por dentro, " ahora se sentía mal por la doble traición, pero al menos había encontrado una explicación lógica a la ruptura. Supongo que cuando es así, con terceras personas por medio uno se siente algo mejor al culpar a otros, y no a uno mismo.
Antes de la ruptura, uno se para a observar lo negativo y las necesidades que no están cubiertas, pero sólo a raíz de la separación, uno es consciente de que existían otras que sí estaban satisfechas. En este momento es en el que se toma conciencia de que se echan en falta ese tipo de satisfacciones o beneficios.
El paso del tiempo crea una dependencia emocional entre las dos personas que es difícil de solventar, esta chica, ahora pasaba por ese horrible agujero negro. A veces, tan negro que dura meses. No he podido evitar recordar una relación del pasado, y como, una vez que se empieza a ver todo de otro modo, que se aprende a estar solo, a disfrutar del tiempo libre, a conocerse más a uno mismo el negro se convierte en blanco, o al menos en tonos muchos más claros.
El amor es completamente incompresible a veces, uno no elige de quién se enamora, ni por cuanto tiempo, ni puedes evitar que aparezcan terceras personas en tu vida. Simplemente hay que cultivarlo como si fuese un jardín, pero por mucho que lo mimes puede caer una gran tormenta de granizo y mandarlo todo al traste. Ahora que se acerca San Valentín,  que uno aprovecha para cenitas, flores y regalos que no se dan todos los días, es momento de regar aún más el jardín, y sobre todo disfrutar del presente, porque creo firmemente que en esto del amor no suele haber buenos ni malos, simplemente  es Eros el que nos coloca como fichitas de un juego entre él y Afrodita.

miércoles, 19 de enero de 2011

Desayunos

El viernes estaba desayunando con Javi en la cafetería que está al lado de mi casa. Desayunamos siempre allí todos los viernes, aprovechando que salimos muy temprano de trabajar y nos gusta ir a ese lugar por las tostadas que ponen. Siempre me pido lo mismo, media con mantequilla y jamón york, de mollete eso sí y un manchado. Javi que es un copión se pide lo mismo pero con un colacao en vez del café. 
El caso es que me di cuenta que me había comido la tostada en un plas, y a los cinco minutos estaba mirando la de Javi, que aún no se había comido ni la mitad, y comencé a rogarle un poquito de la suya:
"¿Pero por qué no disfrutas más del desayuno y te lo comes lentamente saboreándolo?" me dijo él molesto por no dejarle tranquilo con su mantequilla-york.
"Pues...no lo sé" respondí yo. Y en ese instante vino a mi mente una escena de mi infancia, recuerdo que mi madre nos compraba bolsas de chucherías y nos la daba por las tardes. Gusanitos para mi hermano y para mí, ¡qué de tiempo hace que no como gusanitos! Con ese sabor salado, tirando a mantequilla...ummm.
 La escena era la siguiente, mamá traía las chuches las repartía equitativamente y comenzábamos a comérnoslas. Yo con mi rapidez y eficacia suprema, las devoraba ferozmente arrebañando el fondo de mijitas de gusanitos salados que quedan al final de la bolsa. 
Instintivamente, mi mirada se clavaba en aquel niño pequeño de mejillas sonrosadas y cara de pillo, que se comía lentamente su bolsa mientras jugaba con sus playmobil.  Doña Flor, como me decía a veces mi padre, no tenía otra cosa que ponerse a mirar con carita de cordero degollado a su hermano. Recordemos que tres años más en la infancia se notan, y la inocencia de mi hermanito llegaba hasta límites inimaginables. 
"¿Jugamos a que yo era tu perrito, y me dabas de comer?", le decía sabiamente. Y el pobre niño accedía al juego y yo con postura y ladridos de perro correteaba a su alrededor obteniendo, a lo tonto a lo tonto, casi la mitad de la bolsa de mi pobre brother. Y todo por no comerme la mía con más tranquilidad. Otro día contaré el suceso de la peluquera y cómo  a alguien se le ocurrió regalarme un set de peluquería al que yo añadí la tijera de la cocina e invité a jugar a mi hermano a los peluqueros. ¿Adivinan quién fue la peluquera y quién recibió el corte de pelo?. 
En fin, que en esta tesitura no sé si pensar que debería aprovechar más la comida y comer más lentamente, o que el animal de la selva que más rápido come más cacho pilla.


    

miércoles, 20 de octubre de 2010

Lisa

Lo que peor llevo de estar fuera de casa de mis padres este año, es no poder estar con mi perrita Lisa. Todo comenzó hace dos años, estaba destinada en Alosno, ese pueblecito cuna del fandango y perdido en el Andévalo, una de las zonas más pobres de Huelva entre la sierra y la costa. Eso sí, muy acogedor y con gente maravillosa. Vivía de alquiler con una compañera, y teníamos una gran terraza con vistas al campañario de la iglesia, tan cerca que en la época de fiestas de San Juan Bautista caían las varillas de los cohetes mientras veías los fuegos artificiales. Marijo se iba muchas tardes a Huelva porque tenía inglés en la EOI así que yo pasaba bastante tiempo sola. Comencé a sentir la necesidad de tener un animal de compañía, barajé la posibilidad de un gatito que son menos dependientes pero no me convencía. Yo quería un perro. Sólo tuve un perrito una vez, cuando era pequeña, mi Ulises, era listo, cariñoso, fiel y durante mi adolescencia era parte de mi vida. Desgradiadamente, murió y a partir de entonces mi madre se negó a tener ningún animalito más. A excepción de unos hamsters, y más adelante dos  inseparables: Alf que acabó escapándose y Larri que continúa con nosotros.

Total, que con el antojo del perrito, comenté un día en clase que quería uno, ya que en los pueblos la gente los regala para no asesinarlos pensé que algún alma caritativa me daría uno. Y así fue, Fulanito que así se llamaba el angelical niño, me prometió un Yorkshire que acababa de nacer, me lo daría cuando tuviese dos meses. ¡Tremendo júbilo sentí en aquel instante!. Como la lechera, ya me veía con mi perrito, saliendo a pasearlo por la calle y teniendo hermosos juegos de entretenimiento. Como bien dice ese rico refranero español...compré el  collar antes que el perro. Y fue literal, pero no solo el collar, sino también la cestita, la correita, la mantita, el champú de perro, el transportín para el coche y hasta una bolsa de comida especial para Yorkshire.  Todo completo esperando la llegada del gran día, igual que una madre primeriza.
Poco a poco pasaron los meses, y con la llegada de la primavera se acercaba el momento de recibir a Toby. Toby, porque igual que ocurre en la película de Up, en la que el niño pone rápidamente nombre a su nuevo amigo el avestruz, Kevin, yo con esa misma actitud infantil pensaba en todos los nombres que podría ponerle a mi futuro compañero: Lara, Zara, Toby, Nore bla bla bla.Creo que en aquel momento debí de ser algo pesada, mi novio me decía que sólo hablaba de lo mismo, DEL PERRO.

Llegó el momento, y quedé con el niño que a la salida de clase me acercaría el perrito. Me llevé el coche al instituto, el transportín... pero cuando llegué a aquel curso de 1ºESo Fulanito no había venido.
"Maestra, pa mi que Fulanito se ha inventao lo del perro y no ha venido hoy porque ya no sabe como decir que es mentira!", me dijo un niño mucho más avispado que yo con tan solo 12 años. 
"Anda ya, no va a ser tan cabrón", pensé yo. Pero efectivamente, Fulanito no vino ese día y al siguiente, nada más entrar como si fuese lo más corriente del mundo me dijo: "ah, maestra, que el perro se ha muerto, mi tia lo ha pisao esta noche cuando se ha levantao a bebé agua y eso, que sa muerto".
No puedo ahora ni describir mi sensación de estupidez suprema en ese momento, toda mi montaña que había ido creciendo a base de un pensamiento irreal. Ni perrito, ni nada de nada. Torta contra la realidad. A partir de aquel momento, decían las malas lenguas que a Fulanito no le dejaba pasar ni una. Y no lo recuerdo bien, pero ese niño aprendió que no hay que jugar con los sentimientos de los demás ni mentir muy jovencito.

El caso es, que mi padre, en un acto de pena y compasión ante la mema de su hija, le dijo a una vecina que me diese un perrito. Y así viene Lisa a mi vida, por casualidad y sin creer que ella iba a ser mía. NO es un Yorkshire, pero es el animal más cariñoso y más inteligente que he tenido. La quiero un montón, e incluso en los días más tristes con solo tirarle la pelota y jugar corriendo por la casa con ella me alegra la vida. Me produce felicidad, me hace ver el lado más bonito de la vida.

Me encanta cuando salta a mis piernas, lo inteligente que es. Tengo que confesar que muchos fines de semana voy a casa de mis padres sólamente por verla a ella. La fiesta que me hace cuando me recibe vale más que todo el oro del mundo, y esas noches que da con su patita en la puerta para que le abra y se duerme en el cojín que le pongo en el suelo, pero siendo lo suficientemente inteligente para salir disparada por la mañana para que nadie vea que ha dormido allí.
Así que Fulanito, gracias por no darme al Yorkshire imaginario Toby, gracias a ello he podido tener a Lisa. Y me alegro de disfrutar de cosas tan simples, son las que realmente dan la felicidad.
                                              Lisa, Junio 2010.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cucarachas

Inicio esta entrada a las 3:24 de la madrugada, sí, de esta madrugada del 13 de Septiembre de 2010. Hoy no tengo insomnio, hoy estoy muerta de sueño y lo que más deseo es poder dormirme tranquila. ¿Qué hago entonces escribiendo una entrada de mi naciente blog a estas horas intempestivas? La culpa es de las cucarachas. Sí, de esos malditos bichitos asquerosos, que tienen esa habilidad para subirse por las paredes, para correr con la rapidez del rayo y para multiplicarse antes de que se me terminase el bote de cucal. 

Todo ha comenzado cuando he ido al cuarto de baño y he visto a una, con una gran ligereza he buscado el insecticida que acaba con sus vidas y las deja panza arriba moviendo con un mágico aleteo sus patitas delgadas, he rociado su cuerpo y el resto de recodos del servicio, cerré la puerta con un gran golpe y me fui al salón. Seguí viendo esa película que me descargué ayer por casualidad: Revolutionary Road. A medida que me introducía en esta pecaminosa historia de crudeza y realidad ante los sueños fracasados logré olvidarme de las cucarachas.
Pero desgraciadamente, la botella de agua que acababa de beberme estaba causando estragos en mi vejiga por lo que tuve que ir al servicio...horrible, horrible, horrible: al menos diez cucarachas empezaron a corretear, no podía acudir a todas, alguna se fue hacia mi habitación, otras a la salita, y el resto logré cercarlas en el cuarto de baño. 
 
El sudor me recorría todo el cuerpo, una mezcla de escalofríos, impotencia, desasosiego...como pude, pude hacer un pis y volví al  salón. Decidí irme a la habitación y terminar de ver allí la película. Ahora mismo, hay al menos siete cadáveres de estos horribles animales en mi cuarto, cada poco tiempo sonaba un ruidito por el suelo que me hacía estremecerme, sacaba fuerzas de donde no las había y con la chancla las estripaba. Acabó la película, intenté dormirme, pero no podía, no dejan de aparecer...¡habré abierto la caja de Pandora!. 

Después de acabar de leerme El viaje al amor de Punset y comenzar Los objetos nos llaman de Millás intenté autoconvencerme de que ya no iba a salir ninguna más. Intenté cerrar los ojos, pero cual ha sido mi horror al comprobar que una estaba por la pared al lado de la mesilla de noche. No puedo. Así no puedo dormir. De tal modo que aquí estoy, en el salón escribiendo este post para ver si pasa el tiempo, si las cucarachas se duermen y me dejan a mí dormir. Son casi las cuatro de la mañana y a las ocho tengo que estar en planta para ir al instituto. Voy a tener cara de zombi. Menos mal que los alumnos no llegan hasta el miércoles. Si paso una noche más así me voy a morir.

Estos seres son como algunas personas, se meten por los huecos que ven libres de tu alma para rascar en lo más miserable, en la basura de tu ser, para beneficiarse y hacer sentir pánico, asco y miseria de uno mismo. Son personas que se dedican a eso, sin saberlo o con conocimiento de causa, supongo que es apelando al autoengaño, son capaces de persuadir con mundos imaginarios intentando rellenar esos sueños que uno tiene, pero lo que de verdad hacen es tejer una gran tela de araña que te hace ver otro mundo distinto. 

Si he aprendido algo, es que los sueños los fabrica uno mismo, lo que se consigue es a base de esfuerzo y nadie va a regalarte nada si no es obteniendo algo a cambio. Estas cucarachas no van a obtener nada a cambio, porque no tendrán lugar en el que esconderse ni tampoco comida ni basura que llevarse, a la boca, en mi alma, en mi corazón y en mi casa, lo que reinará será la limpieza, la pureza, la verdad. Así que cucarachas, al igual que logré hacer  con mi locura, os marchareis, os ireis mañana mismo de aquí. Voy a publicar esto, voy a apagar el ordenador y voy a dormir. Ningún bicho asqueroso, sea de la especie que sea me va a quitar el sueño ni la felicidad.