lunes, 10 de octubre de 2011

Sobre educación


Hago una hora de guardia. Te encuentras a primera hora, después de haberte levantado a las seis y media de la mañana. Entro en una clase, en la que ha faltado la profesora de religión, que no digo yo nada, que no tiene la culpa la buena mujer a la que yo ni siquiera conozco. Pero que por el reajuste de horas que han hecho en su asignatura, se van a cambiar todos los horarios. Es el tercer año que me cambian el horario por esta razón.En Delegación podían tomar las decisiones definitivas a principios de curso…
Pues me hallo en una clase de tercero de ESO, un grupo al que no le doy clase. Y tengo delante un personaje, es un niño que está claro que tiene algún problema especial (¿esta definición es políticamente correcta?), es decir necesidades educativas especiales. Yo he llegado y no conozco de nada a este niño. A priori le llamé la atención, pero no ha dejado de molestar, haciendo gestos, ruidos, movimientos extraños para entretener al resto de la clase. Ahora me pregunto si seguir llamándole la atención o no. Es que no sé cómo es este niño. Obviamente es primera hora, una hora de guardia, no conozco al grupo y no tengo ganas ninguna de enfadarme. Para dejar pasar el tiempo me he puesto. a escribir esto.
Pero ya que estamos me gustaría hacer una pequeña reflexión en torno a la docencia. ¿Tengo armas para enfrentarme a este tipo de situaciones? Yo con este tipo de incidentes me siento regular. Cuando tengo, como en un segundo de la ESO, una media de 27 alumnos por clase, tres con ACIS, dos que necesitan refuerzo y el resto que hay que controlar para que reine la paz y el orden, no tengo tiempo para dedicarles a estos alumnos que necesitan una atención especial. La razón es que hay 20 alumnos más, y una materia que desarrollar. Hacer todo esto en una hora y organizar la clase de modo que ellos trabajen fichas mientras explico a los demás y mientras los demás hacen actividades corregírselas a ellos, es a veces, materialmente y técnicamente imposible. Y a mí eso me genera estrés, estrés porque siento que no les dedico toda la atención que se merecen. Por ello considero que las cosas están planteadas mal. Debe haber otra forma. Si yo tuviese, pongamos 10 o 15 alumnos por clase, todo sería diferente.Podría trabajar mejor, podría atenderlos como realmente se merecen. Pero así, no se puede. 
Yo abogo por un verdadero pacto por la educación, ayer leía un artículo de Ian Gibson en el País que comentaba que ese era el problema en España, carecíamos de esas medidas de acuerdo entre todos los partidos políticos, porque la educación pública requiere esa estabilidad y todas las garantías para que sea realmente educación de calidad.
Los recortes que las comunidades autónomas gobernadas por el PP están llevando a cabo, no son más que menosprecio a ese derecho a que nos eduquen con calidad. Me da igual si suena a demagogia barata, pero si la pública deja de ser una enseñanza buena y que nos prepare a todos y todas independientemente de la clase social, mal vamos.
Mis padres han sido trabajadores, con esfuerzo han podido darme unos estudios que me han permitido: hacer la ESO y el Bachillerato gratis, estudiar una carrera a unos precios más o menos asequibles, sin becas, porque por aquellos años estaba Aznar en el gobierno(años más tarde sin ir más lejos, mi hermano tuvo buenas becas para estudiar su carrera universitaria, y¿por qué? Porque había cambiado el signo político del gobierno. Sólo me remito a los hechos). Lo que no quiero es que por culpa de gobiernos que primen la educación privada, se menosprecie a la gente trabajadora y se le prive de tener una formación digna que los sesgue y les impida llegar a lo más alto, puestos que solamente ocupen una élite que claro está, la integren los que puedan pagarse la única enseñanza de calidad que exista. Pero bueno,confío en que no lleguemos a ese punto. Los profesores hacemos bien nuestro trabajo, y pese a las dificultades encontradas, la gran mayoría lucha porque la cultura se extienda por doquier. La educación pública de calidad es un DERECHO y no se debería perder jamás lo que se ha ganado con el tiempo.

martes, 6 de septiembre de 2011

Primer día de cole

Septiembre, septiembre, que llega septiembre. Y los niños ya tienen sus maletas nuevas, sus lápices de colores, sus compases, las reglas, los cuadernos, carpetas de sus famosos favoritos... en mi época yo tenía forrada la carpeta con BonJon Jovi por un lado y Alejandro Sanz por el otro, y por dentro...ohhhh por dentro tenía a los Back Street Boys....(alll rigthhhhh))). Ahora no, ahora tienen a la Hanna Montana, al Mario Casas y al niño ese que cantando parece una niña, bueno y en el aspecto. Como se llama, como se llama...¡Justin Bieber! Ese, ese.
Pues yo me he sentido hoy como esos chicos en su primer día de colegio. (Políticamente correcto chicos y chicas, ostias que no, que el masculino de toda la vida engloba al femenino, no es discriminar, es economía del lenguaje).
 Pues ahí estaba yo, dando un salto de la cama en cuanto sonó el despertador. Nerviosa elegí la ropa adecuada, me vestí. Me hice unas tostadas y un café con la cafetera que me tiene prohibido tocar mi brother. (Con razón, eh, con razón, pero con la nexpresso que le voy a regalar por las molestias causadas espero que se subsane).  Me lo tomé todo viendo los Desayunos de la Uno y me fui a pintarme un poco, ponerme los zapatos y me dirigí al coche.
"Hola mi Fabia bonito, me temo que este año vamos a vernos más, no me falles eh!!!"- le dije cariñosamente, pero a modo de venganza, horas después, ya fallaba el manos libres.

Mientras conducía saliendo de Sevilla ( 20 minutos de semáforos), me imaginaba cómo sería el centro, los alumnos, los compis, el pueblo...
Poco a poco, por mi barriga subían cosquillitas, semejantes a las del primer beso. Casi ná.

 Después de los kilómetros hacia Paterna, llegué por fin al centro. Después de dar mil vueltas por él buscando el ies,  están en fiestas y todo está cortado, di con él.
"Bueno nena, llegó la hora de la verdad". Llevaba mis tacones para ponérmelos, pero decidí que no, que yo soy así, bajita, y total, aún no había alumnos, mejor lo dejaría para parecer más alta ante ellos.

Salí del coche, y me encaminé a la puerta. El corazón me latía con mucha fuerza, la rodilla me flaqueaba... (la defectuosa, no le sienta bien eso de conducir) y con mucha valentía entré en instituto. Me dirigí a la conserjería, y muy amable me recibieron con una sonrisa.  "¿Eres la nueva? ¿La de lengua?".
Por mi mente pasó por un instante esta sensación... ¿pero hasta cuando voy a ser la nueva?. La nueva. La nueva. Resonaba en mi cabeza. "Quizás prefieras seguir siendo la nueva a la vieja ¿no?". Respondió mi cerebro automáticamente. Y yo muy resuelta y agradable, todo sea dicho, respondí con otra sonrisa que sí, y ya me presentaron a compañeros del departamento y fui conociendo el centro.
Muy buena impresión en general. Ojalá siga siendo así. Así que yo, ya he superado el primer día de cole. ¡¡¡Ánimo a todos!!!! y bienvenido sea Septiembre, que para algunos seguro que es su mes de vacaciones, aunque para la mayoría... el primer día de cole.

PD: Por cierto, yo mi carpeta este año la voy a forrar con Hugo Silva por un lado y bueno... acepto sugerencias para el otro.
                                     Aprovechando que estamos en primera...mi maleta.


jueves, 28 de julio de 2011

Dudar

Creer es muchas veces dudar, decía Voltaire. Yo llevo una temporadita de duda constante. Duda por absolutamente todo. Incluso de el pijama que me voy a poner cada noche.
Llega el verano y este, en particular, aunque comenzó  con un estupendo viaje a Italia del cual escribiré algún post próximamente, se ha convertido en una cuesta arriba estúpida y decepcionante.
(Antes que nada, quiero agradecer los apoyos a algunos de mis queridos lectores, que sinceramente me ha sorprendido que los hubiera jajaja. Más de una persona me ha mandado mensajes o me ha comentado que porqué tenía tan abandonado el blog, y es cierto, estaba abandonado. Concretamente anoche me animó a escribir una antigua alumna de Alosno, que me envió un privado al tuenti diciéndome que seguía mi blog y que le gustaba. Así que le doy las gracias, porque eso me ha dado fuerzas para ponerme a escribir, es lo primero que he hecho al levantarme).
Puede que este primer post, esté vacío, carente de fuerzas, pero bueno entended que tengo que calentar la máquina un poco después de unos cuantos meses sin escribir.

Como decía al comienzo del texto, este es un verano extraño. Comenzó las primeras semanas de julio, tras venir de un viaje por Italia que me dejó con la boca abierta. Después de ver toda aquella majestuosidad, aquellas catedrales, aquel arte por cada esquina, por cada rincón de cada pequeña ciudad italiana y llegar a mi pueblo, creo que sufrí un choque extraño frente a la realidad.
El primer sentimiento surgió en la piscina. No sé qué serían los veranos antes por estos parajes sin ella, ya que es uno de los escasos entretenimientos que pueden ocupar las calurosas tardes de verano. Otra opción es tragarse todas las novelas que ponen en la tele hasta las 7 de la tarde, más los programas absurdos del corazón que le siguen. El caso es que uno de estos días, estando allí, vino a mi mente una nostalgia enorme. Me puse a mirar, y vi que yo era vieja. Sí, que ya quedaron atrás todas aquellas tardes de juegos de cartas, de risas con los amigos, ahogadillas, bocadillos a media tarde... Todo lo que ocupó gran parte de mi infancia y adolescencia. Los chicos, seguían jugando a las cartas a mi alrededor, los amores de verano seguían emergiendo como fuertes olas que chocan contra el mar, las risas, las niñas leyendo revistas juveniles... todo era igual, el tiempo se había parado pero yo ya no era uno de ellos, yo estaba al margen y aquella época de felicidad absoluta alejada de la realidad hacía mucho tiempo que quedó atrás. Así que me invadió durante unos días esa pena extraña y agónica. Ahora te toca ser la madre de esos niños, bodas, responsabilidades... ¿no es esa juventud lo más hermoso de la vida?.

Poco a poco, afortunadamente, se me fue pasando, pero ahora surgió otro miedo más que se juntó a esa nostalgia. El miedo al dolor. Sí, como lo oyen, afortunadamente ya se me ha ido pasando, y ya estoy fuera de esa estupidez de aquellos días de comienzo de verano, pero fue así. Mi tia se quemó las manos con una olla exprés y se quemó literalmente. Me tocó entrar con ella en la sala de curas, y ver cómo mi tia sufría, cómo sentía dolor mientras le quitaban los pellejitos quemados, le echaban cremas, la vendaban... fue una experiencia del todo poco recomendable. Aguanté estoicamente dándole ánimos, con una sangre fría que no era propia de mí, me sorprendí a mí misma con lo floja que he sido siempre para todo eso. No obstante, después creo que me ha pasado factura y he tenido esa sensación de miedo al dolor, de  angustia que sin darme cuenta era sólo por la tensión sufrida en aquel momento. Y de ahí he pasado directamente a la duda, a la duda de todo lo que me rodea. Porque creo en lo que hago, como bien dice Voltaire, tengo la duda como constante. Supongo que los libros que estoy leyendo sobre filosofía y la argumentación para la tesis también tienen algo que ver, pero ya hablaré de eso en otra ocasión. A ese miedo al dolor, también se ha juntado porque no decirlo, la tristeza que me está produciendo estos días ver a mis abuelos enfermos  y mayores. Me angustia, me devuelve de nuevo a esa infancia y me hace estrellarme de bruces contra la realidad: ya soy vieja, los años pasan, y todo lo que parecía estar inalterable hasta hace prácticamente nada, está evolucionando. Y ese cambio, esa evolución, como no, me dan miedo y tristeza a la vez. Y no quiere decir que ahora la vida sea peor que antes, ni mucho menos, pero es distinta y el hacerse mayor, como no asusta. ¿Cómo saber si uno ha escogido el camino correcto? ¿Es esta vida la que yo deseaba con 16 años?  Dudas y más dudas, que no se pueden resolver.


                                            PISCINA DE SANTA OLALLA

Esto es en resumen, lo que ha sido lo poco que llevo de verano. Tengo que escribir un post de todo lo anterior y porqué dejé de escribir. Pero eso mañana, creo que por hoy, ha sido suficiente. Siento si no está a la altura de vuestras expectativas en mi blog. Poco a poco.




lunes, 11 de abril de 2011

Incertidumbre

Tengo el corazón oprimido. Un líquido pesado sobresale  de él y me llega hasta la barriga, produciendo una sensación entre amarga y placentera. Vacío, dicen que se llama. Lo está produciendo la incertidumbre, el desasosiego de no controlar ciertos aspectos de mi vida que me gustaría tener bien atados. Pero es inútil, no puedo con todo. No consigo manipularme para que todo se quede en su debido sitio. Sin salirse de su lugar, dentro de su cajón, dobladito, sin amontonarse. Pero si me paro a pensar, bien es verdad que nunca he conseguido ser ordenada, y que sin darme cuenta todo se propaga de un sitio a otro sin sentido, es como si las cosas que me rodean tuviesen vida y quisieran encontrar su propio sitio.

Es lo que debe ocurrir con mis manos, con mis ojos, con mi alma. Cada uno trota hacia un lado sin saber bien hacia dónde dirigirse, aunque todos ellos tienen bien claro lo que quieren y desean. 
Pero quien manda es la cabeza, la que ordena y distribuye. A veces se cabrea, se rebota, se indigna porque no le hacen caso y pone firme al personal en un momento, de muy mala manera y con muy malas formas. Es mucho mejor así. Después del rapapolvo todo vuelve a su sitio. O a lo que creen que es su sitio, según se mire.

Pero hoy tengo todo descontrolado, los latidos se me aceleran, no consigo centrarme ni dejar de imaginar hipotéticas vidas, hipotéticos futuros, lugares... No sé dónde estaré el año que viene. Mañana me haré una pequeña idea, pero esta jodida incertidumbre me mata, me agobia, me sobrepasa. Cuando mañana entre en las novedades de la Junta, pinche en la adjudicación y ponga mi nombre estaré sin aliento. Y salga lo que salga, ya me convertiré en otra persona, en otra vida distinta a la que llevo hasta ahora. Porque todo habrá cambiado, ese destino cambiará todo, hará que todo sea diferente. El cambio es bueno, hace que evolucionemos. Pero en este instante, en este preciso momento prefiero quedarme como estoy, pero sin la sensación de ahogo permanente. Ojalá que algún día me desprenda de esta inseguridad que tanto me abruma. Supongo que es cuestión de años, y de intentarlo.

                       Así me siento, pequeña ante todos los gigantes que no puedo controlar en mi vida

miércoles, 6 de abril de 2011

Gurumelos

Hace mucho que no escribía. Se ve que al volver a mi vida normal, vuelven las historias y las ganas de contar cosas. Lo bueno es volver a Sevilla en esta época. Son curiosas a veces las emociones contrapuestas que le pueden inundar el alma a uno. En este caso a una. A servidora.
La semana pasada, cuando tuve que venirme a la capital me daba pena abandonar la sierra, sentí nostalgia por aquello, por ese otro mundo que tanto me gusta aunque a veces no me dé cuenta. El sentimiento brotó cuando fui la semana pasada a coger gurumelos con mi padre. Él es un gran aficionado cuando llega la época, entre febrero y marzo dependiendo de las lluvias y el año,  a salir por las tardes a buscar este preciado manjar. Incluso tiene una cesta destinada para tal menester.
Coger gurumelos es todo un arte, un arte que no todos llegan a desarrollar, o como bien me dijo mi padre "es algo hereditario e innato a los genes". La frase me la dijo después de que orgulloso descubriese que su lección para encontrarlos había sido dignamente aprendida. ¡Encontré solita tres gurumelos! . No te preocupes, que es que acaba de venir alguien por aquí hace unas horas, por eso no encuentras más. Y era cierto, se encontraban los huecos en la tierra de haberlos recogido recientemente. Había que ir buscando un pequeño montoncito desquebrajado en ocasiones y simplemente elevados en otros. Fácil, lo que se dice fácil no era.

Pero me gustó ir con mi padre a buscarlos, (por supuesto comérmelos aún más: en croquetas, en salsa, con arroz, puré...) me sentí agusto, el sol dándome en la cara, el olor a jaras y romeros, el trinar de los pájaros, los arroyos llevando agua. Toda esa vida verde y azul alrededor desarrolló en mí la necesidad de escribir hace muchos años, y algo me dijo que aquello era algo que no podía perder nunca. Una tradición, una costumbre que es propia de la sierra, de la familia y de un pueblo entero.
Me di cuenta que parte de mí, una gran parte está por allí. Que esa forma de vida es algo que siempre voy a llevar dentro, esas raíces de la tierra que tanto me han aportado siempre permanecerá en mí.
Por mucho que me guste la ciudad, por mucho que me encante Sevilla, siempre encontraré un hueco para pasear por la sierra, un momento para estar con los míos y coger gurumelos será algo que un día enseñaré a mis hijos.
                                 
                                            Gurumelitos cogidos por mi papi


jueves, 24 de febrero de 2011

La operación de menisco

Si alguien se lo preguntaba. No, no me quedé en el quirófano. Hace ya más de diez días de mi operación y sólo recuerdo un vago halo de nebulosa estúpida en el que los días han pasado sin pena ni gloria y los sin sabores del posoperatorio me han sumido en la más infame inopia.
Llegamos a aquella clínica sobre las once y media, dimos los datos, tarjeta por aquí, tarjeta por allá, no he visto yo lo importante que es la tarjeta dorada en estas clínicas, sin la tarjeta ni agua. "Pasen ustedes a la sala de espera que en unos minutos les llamamos!. Nos sentamos en aquel lujoso hall observando los enormes cuadros que decoraban la sala, tres señoras de mediana edad esperaban también a nuestro alrededor. "No estés nerviosa, que esto no es nada mujer". Me decía mi madre, que aunque no lo dijese con palabras estaba hasta más nerviosa que yo. A los cinco minutos, vino un celador muy agradable, que nos llevó a la habitación, nos hizo un recorrido por la misma: cama, mandos de la cama, tele de plasma, cuarto de baño, sofá cama para los acompañantes... y sin más se marchó, dándome una bata para que me la fuera poniendo. No había hecho más que irse cuando llegó otro celador, con pinta de protagonista de las películas de Kun fu, y me hizo firmar el consentimiento de la operación. Vamos, que si me moría, no era culpa de ellos. Ahí empecé a ponerme aún más nerviosa. Fuera anillos, relojes, pendientes y todo tipo de objeto metálico. Braga y sujetador podían quedarse conmigo. Mierda, joder, que mi braguita de Hello Kitty tiene un corazón metálico, no me jodas, ostias, ¿y ahora qué?. Tú no te preocupes, me dijo mi padre, que eso lo solucionamos rápido. Y con una llave mandó el corazoncito al otro mundo.
Sin darme cuenta los nervios habían inundado todo mi cuerpo, y cuando volvió de nuevo el celador con una silla de ruedas y me dijo: ¡Vamos!. Un lagrimón brotó resbalando por mi mejilla.
Cuando llegué al quirófano y vieron que iba llorando me dijeron que qué me pasaba, que allí no pasaba nada, que tranquila. "¿Tú cuántos años tienes?" me dijo una enfermera, Dios mío que vergüenza me entró, verdad, con treinta y llorando, "Que no mujer, que no lo digo por eso...".
Me subieron a la camilla, y me pusieron la via del suero. Sólo recuerdo un par de bromas del anestesista y que me di la vuelta de lado para la epidural. Ya lo siguiente que sentí era cómo el doctor me decía, ¿estás despierta?. Mira, ya estamos casi terminando, giradle el monitor. Y después, vagos recuerdos hasta que estaba muerta de frío en la sala en la que estuve esperando casi dos horas a que se me fuese la anestesia.  La señora de al lado lloraba en lo de la anestesia, yo tenía un reloj en frente y el castañear de dientes iba pasando a medida que las agujas del reloj avanzaban.
Me subieron a la habitación, y allí estuve hasta últimas horas de la tarde. La pierna apenas la sentía, supongo que seguía drogada. Nos fuimos para casa y casi que me da algo intentando subirme a la cama, la pierna era una auténtica mole.
Lo peor vino al día siguiente, empecé a tener fiebre y a sentirme bastante mal, y al parecer lo que había ocurrido es que me entró un virus. Pasé unos tres días sin tomar nada más que acuarius y con un mal cuerpo horrible. Lo más doloroso de todo, las inyecciones de heparina que hay que ponerse en la tripa para evitar trombos. Vaya tela... Póbrecita mi madre, que ha tenido que aprender a ponérmelas, porque yo con lo que soy, si tuviese que ponérmelas sola me daría algo. Tengo unos cuantos agujeritos en la tripa y varios cardenales.
La pierna más o menos bien, ya voy doblando cada vez más la rodilla y me quitan los puntos esta tarde. A quien vaya a operarse de menisco, le digo que la operación en sí no es tanto, yo no sentí nada, es más el miedo que da el quirófano. Ya os contaré cuando comience la rehabilitación, que imagino que molestará bastante porque tantos días la pierna quieta, será normal.

En fin, que entre pitos y flautas, estos días han sido totalmente improductivos y aburridos, no he conseguido organizarme para hacer prácticamente nada. Espero que ahora que me quitan la venda y estoy más animada pueda disfrutar las últimas semanas de baja haciendo algo útil. Menos mal que Lisa me ha hecho compañía todo este tiempo. ¿Lo que más deseo? Darme una buen ducha larga y duradera sin miedo a que se meta agua en la bolsa y se moje la venda.


lunes, 14 de febrero de 2011

El miedo

Esta noche siento esa palabra que en alguna ocasión seguro que habéis sentido en vuestro propio cuerpo. Ese escalofrío que recorre cada minucioso poro de la piel, cada músculo y cada hueso hasta desembocar en la punta más abierta de alguno de tus cabellos.  Se manifiesta de diversos modos, y en variadas ocasiones, pero cuando uno percibe esa sensación, nuestro cerebro dibuja esa palabra que de forma arbitraria está representada así, MIEDO. 

Normalmente aparece ante sucesos, circunstancias o momentos desconocidos. Generalmente, se asocia a algo que puede en algún instante reportarnos dolor, angustia y algún daño a nuestra propia persona o incluso alma. Se puede sentir miedo si lo que hacemos tiene consecuencias que desconocemos a priori, o  el impacto total que tendrá: perder a alguien, cambiar de trabajo o comprarse una casa pueden hacernos sentir el MIEDO. Creo que muchas de las veces está asociada también al cambio, porque ese cambio y esa crisis producen desasosiego, el desasosiego propio de no controlar la situación al cien por cien.


Yo he sentido miedo en muchas ocasiones, desde que era pequeña. Era como se suele decir, una niña miedica. Me acostaba por las noches y tenía pánico, escuchaba ruidos, tenía que encender la luz, supongo que en aquella época eran los monstruos los que me preocupaban. ¿Habrá alguno dentro del armario? Llamaba a mamá y ella tenía que inspeccionarlo, el armario, debajo de la cama, porque a mí ese miedo me paralizaba y me impedía incluso moverme. Después ese miedo pasó por otros derroteros, aún recuerdo como nuestra profesora del colegio nos contó que había que tener cuidado con los espíritus y las güijas, y durante una larga temporada mi pánico a la hora de dormir se había enfocado en esos espíritus que podían rondar mi habitación y mi casa. Recuerdo que incluso me hacía una cama con los cojines del sofá en la alfombra de la habitación de mi hermano para no dormir sola. En otra ocasión, dormí en la alfombra de la habitación de mis padres, todo ello sin que ellos se dieran cuenta, claro. 

Ese MIEDO a dormir y a la oscuridad me ha perseguido toda la vida. Más que otro tipo de angustias, porque de hecho siempre he sido muy lanzada a probar cosas nuevas en todos los ámbitos y he seguido la máxima que dice que es mejor arrepentirse de haber hecho algo, que arrepentirse de no haberlo intentado.

El miedo que siento esta noche, es sin duda miedo a lo desconocido, miedo a un quirófano, miedo a que me pinchen la epidural. Por lo tanto... el miedo es al dolor. A que me duela la anestesia, a que me duela la operación y a que me duela todo lo que viene después. He soñado esta noche con la operación, una operación que se desarrollaba en una casa antigua, como la de mi abuela, los médicos me introducían en una habitación supercutre que ejercía las labores de quirófano, mi madre aparecía por allí con una jeringuilla en la mano, "no te asustes, que esta es la epidural", el doctor llevaba un maletín del que sacaba los instrumentos. ¡Pretendían que me tumbase en aquella cama a que me pusiera la inyección como si nada!. 

En fin, que eso, que me da miedo por lo que pueda pasar. Tengo la certeza de que todo va a salir bien, porque es algo más bien rutinario, pero no puedo dejar de tener esa angustia concentrada en el pecho y esa imagen mental de una aguja acercándose a mi espalda. En fin, miedo.